La habitación infantil escandinava está pensada con visión de futuro. Mientras que las habitaciones de tendencia llenan el espacio con papeles pintados temáticos y ropa de cama con personajes que parecerán desfasados en dos años, el enfoque escandinavo apuesta por materiales de calidad y un diseño atemporal que acompaña al niño desde el nacimiento hasta la primera infancia. Una cuna de madera natural con líneas sencillas se convierte en cama infantil; un cambiador se transforma en cómoda; las paredes blanco cálido y los textiles suaves le sientan igual de bien a un recién nacido que a un niño de cinco años.
La habitación es amable con los sentidos. Las paredes en blanco cálido o el salvia más pálido crean un capullo de color suave. Las sábanas de algodón orgánico, una manta de nido de abeja y una alfombra de lana lavable ofrecen un confort que también es práctico: cualquier textil puede meterse en la lavadora después de los inevitables incidentes de madrugada. La mecedora del rincón no es un elemento decorativo, sino la pieza funcional más importante de la habitación, donde transcurrirán horas de tomas, lecturas y mimos.
La organización está integrada desde el primer día. Las estanterías bajas ponen libros y juguetes al alcance de las manos pequeñas, mientras que las cestas de mimbre contienen el caos inevitable del material de bebé. La habitación infantil escandinava confía en que un entorno tranquilo y ordenado beneficia por igual el desarrollo del niño y la cordura de los padres.























