El baño Farmhouse es un espacio de confort sencillo y auténtico: superficies en blanco cálido, madera natural y el atractivo imperecedero de una bañera exenta colocada donde pueda capturar la luz de la mañana. A diferencia de los baños contemporáneos, que apuestan por superficies lisas y sin interrupciones, el baño Farmhouse celebra la textura: zócalo de beadboard en las paredes, un mueble con encimera de mármol y patas torneadas, y herrajes de hierro forjado que se perciben al tacto.
La bañera con patas en garra es el alma de la estancia. Situada junto a una ventana, invita a largos baños con vistas al jardín o al cielo. El suelo bajo ella es de mosaico hexagonal blanco o de tablón ancho de madera sellada contra la humedad. El mueble, enfrente, recuerda más a una pieza de dormitorio que a un módulo de baño: patas a la vista, estante inferior abierto con toallas enrolladas en una cesta y un espejo con marco sencillo encima.
Los detalles importan: un toallero negro mate, un tirador de latón en el armario botiquín, una jabonera de gres y un pequeño jarrón con plantas frescas en el borde del mueble. No son simples elementos decorativos, sino los objetos funcionales de la vida cotidiana, elegidos con el mismo cuidado que pondría el dueño de una casa de campo al escoger una buena sartén de hierro fundido. El baño, como la cocina, es un espacio de trabajo que, además, resulta bello.























